La gran pregunta del Hombre

| agosto 24, 2019 | 0 Comments
La gran pregunta del hombre
XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Para cualquier tema importante que afecte a la sociedad o a grupos concretos de la misma, los expertos suelen realizar encuestas, ofrecer datos sociológicos… con la pretensión de reflejar en esos datos parte de la verdad. Para muchos filósofos y teólogos, las grandes preguntas no se fundamentan en datos estadísticos y sociológicos, sino en razones y convicciones donde apoyarse y poder dar una respuesta. La pregunta sobre la salvación nos la podemos hacer también nosotros, porque es importante: ¿son muchos los que se salvan? ¿Son pocos? O bien, formulada de otra manera: ¿qué pasará en el más allá? Dios quiere salvar a todos.

Tal vez el que hizo la pregunta a Jesús tenía la idea de que sólo se salvaban los judíos. Según la formación que hayamos recibido nosotros, tal vez pensemos que estamos seguros de la salvación por ser cristianos, o por haber cumplido unos rezos o unas prácticas de devoción. ¿Serán pocos, o muchos los que se salvan? Dios no entiende de sociología, ni de números, sólo sabe de amor. Para captar el verdadero significado de la respuesta que da Jesús, hay que hacer dos precisiones:

1.- La salvación no se refiere exclusivamente a la salvación definitiva, al cielo o al infierno. Ciertamente se refiere a ella, pero la salvación es también infrahumana, para nuestro mundo presente: que las personas podamos encontrar en nuestra vida un horizonte, un sentido, una fuerza…. Esa es la salvación ofrecida por todas las religiones, que nacen de la convicción general de que el hombre necesita sentirse salvado.

2.- Jesús se refiere a la ya citada creencia de los israelitas de que sólo los judíos – por raza o por convicción- podían salvarse.

La puerta de la salvación aparece como estrecha: no basta con pertenecer al pueblo judío, no basta con afirmar que hemos comido y bebido con el Señor: “No sé quienes sois”.

Pero la puerta estrecha se convierte en ancha: “hay últimos –no judíos– que serán los primeros, y hay primeros –es decir, judíos– que serán últimos. Y recordando el texto de Isaías de la primera lectura, “vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur y se sentarán en el reino de Dios”.

¿Qué conclusiones podemos sacar de las lecturas de hoy?

A los cristianos también se nos puede aplicar el mismo aviso que hizo Jesús a los judíos. No basta con pertenecer a la Iglesia. Depende de la respuesta vital de fe que demos cada uno a Dios. Si “salvarse” dependiese sólo de estar bautizados, de rezar unas u otras oraciones, sería fácil. El seguimiento de Jesús es exigente. No se salva quien dice “Señor, Señor”, sino quien hace la voluntad del Padre. No salva la “comunión de mesa”.Salva la “comunión de vida” con Cristo.

Hay que esforzarse en entrar por la puerta estrecha. Tenemos que saber conjugar esa misericordia universal de Dios con la exigencia de la respuesta personal. Dios quiere salvarnos, pero nos pide una respuesta clara de fe y de vida auténtica. Debemos tomar la cruz y seguir las huellas de Cristo.

Jesús no nos ofrece recetas fáciles para salvarnos. Nos exige una respuesta libre y personal al don de Dios, sin olvidarnos de que Él es la suprema y definitiva revelación de Dios.

En nuestros días se da una cierta tendencia a confundir el pluralismo con el relativismo. No podemos negar que tanto a nivel religioso como

humano, vivimos en un mundo plural, pero esto no significa que todas las cosmovisiones sean igualmente válidas o absolutamente equiparables.

Los cristianos tenemos que saber y vivir que Cristo es el Camino, la suprema revelación de Dios. Como creyentes en Cristo, dentro de la comunidad eclesial, nunca podemos negar que la fe es la base de nuestra fidelidad a Jesucristo. Es necesario rehusar la autosuficiencia y sabernos fundamental del creyente, agradecidos por ese don de la fe que hemos recibido. Esta es la exigencia.

Que Santa María, Madre de la Iglesia, nos conduzca al encuentro con su hijo Jesucristo ¡con mis pobres oraciones y necesitado de las vuestras!

Pbro. Lic. José Rodrigo López Cepeda

25 de Agosto de 2019

Tags: ,

Category: Mensaje del párroco

About the Author ()

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *