Humildad y Generosidad

| agosto 31, 2019 | 0 Comments
XXII Domingo tiempo ordinario

Jesús es siempre maestro.Y aprovecha todas las circunstancias para darnos su doctrina. Unas veces lo hace con grandes discursos, otras al hilo de los acontecimientos, siempre, con la ejemplaridad de su vida. Y en todo momento, con sus enseñanzas, nos pone en el camino de la mejor humanidad.
También hoy lo invitan a comer, para espiarlo, precisa el Evangelio. Y Él advierte en los invitados dos actitudes que no le gustan: buscan los puestos de honor en la mesa y si invitan es porque esperan agradecimiento.
Esta doble actitud, le da pie para hacernos reflexionar a los invitados a su Mesa Eucarística, a que vayamos por la vida con un talante distinto: sencillos y generosos.
«EL QUE SE ENALTECE SERA HUMILLADO»
«Cuando te conviden Vete a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, sube más arriba»
La humildad es una virtud difícil. La vida social es una feria de vanidades. Y la lucha de cada día está exigiendo una competencia tan fuerte, que la modestia tiene poco lugar y uno engorda sus merecimientos casi sin darse cuenta. Hasta en la esquela nos gusta engrandecer el buen nombre del difunto. En este mundo nuestro es muy importante el ropaje, la imagen, la agresividad con que nos presentemos en la vida.
Y en el Evangelio de hoy, el Señor nos invita a la sencillez como actitud dominante de la vida. «Vete a sentarte en el último puesto».
CICLO C   483
Santa Teresa nos dijo que «La humildad es la verdad». No se trata de bajar la cabeza tímidamente, diciendo que no valemos. Es mejor valorarnos como somos y ser capaces, con toda humildad, de decir sencillamente como Santa María: «El Señor hizo en mí maravillas». Aceptarnos como somos, en lo bueno y en lo malo. Y saber reconocer, sin ninguna envidia, que hay gente estupenda en mi entorno, que tiene cosas mejores que yo.
Y qué bien se vive con la gente sencilla. No hay mejor talante de acogida, que el de las personas que se sienten pequeñas. Y que agobio convivir con los «importantes», que ponen su yo por delante y siempre te hablan de su medallas.
Jesús nos invita hoy a hacer de la verdad y la sencillez el encanto de nuestra vida. Y que la humildad nos salga desde dentro. Desde la ingenuidad del corazón, que todo lo bueno lo reconoce y lo agradece como don del Señor.
«CUANDO DES UN BANQUETE INVITA A LOS POBRES…»
«Dichoso tú, porque no pueden pagarte». Otra actitud difícil y necesaria en nuestro mundo, que todo lo quiere convertir en dinero: la generosidad, el dar a fondo perdido.
Es verdad que hay gente maravillosa, que sabe ir por la vida desgastándose en generosidad. Crece, cada día, la lista de voluntarios de todas las causas nobles de este mundo.
El cristianismo, que quiere hacer del amor a los más desfavorecidos la ley de su vida y que se mira en la persona de Jesús, que «pasó por la vida haciendo el bien», será siempre escuela de lo gratuito, de lo generoso, de la grandeza de corazón.
Si hoy clavamos bien en el alma esta doble actitud de la humildad y la generosidad, no solamente seremos más felices, sino que haremos un poco mejor este mundo, que campa por el egoísmo en todos sus detalles.
Esta semana felicitaremos a la Virgen, que celebra su cumpleaños. Nos miraremos en el espejo de su vida, que brilló por la humildad y la generosidad. Y le diremos como aquella niña: «¡Señor. Que quien me mire te vea!»
 
Con mis pobres oraciones necesitado de las vuestras.

Pbro. José Rodrigo López Cepeda

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Category: Destacados, Mensaje del párroco

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