¿Qué hace un Nuncio Apostólico?

| julio 16, 2016

A Maribel en su cumpleaños

En el Boletín de la Sala de Prensa de la Santa Sede con fecha de sábado 9 de Julio y en L’Osservatore Romano en su edición cotidiana del Domingo 10 de Julio del presente, aparecía la noticia: “El Santo Padre Francisco ha nombrado Nuncio Apostólico en México a S.E. Mons. Franco Coppola, Arzobispo titular de Vinda, hasta ahora Nuncio Apostólico en la República Centroafricana y en Chad”. Esto luego de que Mons. Christophe Pierre fuera enviado por el Santo Padre a la Nunciatura de Estados Unidos.
El Código de Derecho Canónico dedica 5 Capítulos para hablar De la suprema autoridad de la Iglesia, en el Libro segundo Del pueblo de Dios. El Capítulo V, de los mencionados, trata De los Legados del Romano Pontífice. Bajo este concepto general de “Legados” se comprenden una serie de figuras de los representantes del Romano Pontífice, dependiendo del tipo de relación que haya con los Estados. El recientemente desaparecido Mons. Girolamo Prigione fue en México primero Delegado Apostólico y, posteriormente Nuncio Apostólico, cuando las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Estado Mexicano restablecieron.
El Nuncio Apostólico es en primer lugar un Pastor de la Iglesia, es un Obispo. A tenor del canon 363 § 1: “A los Legados del Romano Pontífice se les encomienda el oficio de representarle de modo estable ante las Iglesias particulares o también ante los Estados y Autoridades públicas a donde son enviados”. En segundo lugar, es también un diplomático.
Dos grandes principios están a la base de la tarea de la política concordataria de la Santa Sede, y que se realiza a través del trabajo de los Legados pontificios: por una parte el de recíproca independencia entre los Estados y la Iglesia católica; y por otra, el de mutua colaboración; ambos se inspiran en la doctrina del Concilio Vaticano II, de modo especial en Gaudium et spes n. 76. Otros dos principios están más en el orden jurídico: uno, el que las Altas Partes que firman las Convenciones se comprometen a “sujetarse al ordenamiento internacional”, y dos, cumplir el principio de “pacta sunt servanda” (“los pactos son para observarse”), como lo indica el canon 3 del Código de Derecho Canónico: “Los cánones del Código no abrogan ni derogan los convenios de la Santa Sede con las naciones o con otras sociedades políticas; por tanto, estos convenios siguen en vigor como hasta ahora, sin que obsten en nada las prescripciones contrarias de este Código”.
Existen también, como una serie de coordenadas en las que su ubica la tarea concordataria, otros principios generales: por parte del Estado existe la necesidad de tratar jurídicamente de modo paritario toda expresión religiosa presente en su territorio; la Iglesia católica y los Estados tienen la conciencia de vivir en una sociedad pluralista, tanto del punto de vista cultural y político, como religioso; por lo que el Estado está llamado a proporcionar una protección jurídica y una variedad de acciones a diversos grupos religiosos, de modo que se eviten confrontaciones y animosidades, y se asegure la convivencia pacífica de los ciudadanos; con motivo de los cambios político ideológicos (por ejemplo los otrora países del Este), se hace necesaria una actualización de antiguos Concordatos un tanto “confesionales”; al hacer referencia al derecho interno, tanto de la Iglesia católica como de los Estados, se habla por una parte del Derecho Canónico por parte de la Iglesia y, por parte de los Estados de sus respectivas Constituciones y demás legislación de ella derivada. Es lógico que cada Alta Parte concordataria tenga su propio derecho interno; la Iglesia católica ha renovado su política concordataria a la luz del Concilio Vaticano II, especialmente a la luz de la Gaudium et spes; se hace necesaria la intervención de las Iglesias particulares (principalmente las Diócesis) para estipular y realizar los Concordatos, ya sea a nivel individual o agrupadas en las Conferencias episcopales, sobre todo en el campo de la educación; también es necesario la creación de comisiones mixtas, que supone una delegación de la Santa Sede y otra de los Estados, tanto para planear las relaciones diplomáticas como para ejecutar los acuerdos comunes.
Estas son algunas de las actividades que un Nuncio Apostólico está llamado a desarrollar, oremos por el nuevo nuncio en México, hombre de experiencia como mediador de paz y reconciliación. Bienvenido a México Mons. Franco Coppola.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes

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Category: Destacados, Mensaje del párroco

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