Seguir a Jesús

| septiembre 7, 2019 | 0 Comments

XXIII Domingo Tiempo Ordinario

Ha terminado el tiempo de vacaciones y todo parece que vuelve a empezar, el Evangelio nos invita a reemprender la vida cristiana, a comprometernos a ser mejores seguidores de Jesús. A pasar de acompañantes a seguidores.
«Mucha gente acompañaba a Jesús».
Muchas veces repite el Evangelio que las muchedumbres iban detrás de Je- sús. Era un líder, hablaba con autoridad y la gente se encandilaba con Él. Algu- nas veces sus enemigos lo llaman «seductor». El Evangelio describe en torno a Jesús tres círculos de personas: Apóstoles, discípulos, pueblo.
Hoy, a pesar del abandono religioso de muchos, todavía somos multitud los que de alguna manera acompañamos a Jesús. Las estadísticas más recientes hablan de un noventa por cien de mexicanos que se consideran cristianos, de padres que quieren enseñanza religiosa para sus hijos. La religiosidad popular que se expresa en la devoción a la Virgen, procesiones y mil gestos religiosos, llega a muchísima gente.
Aunque vivimos un momento de mucha indiferencia y difícilmente los medios de comunicación social favorecen la fe, son muchos los que conservan ese hilo de comunicación con Dios, aunque en los hechos de cada día falte la coherencia entre la fe y la vida.
«Él se volvió y les dijo: si alguno se viene conmigo…»
Jesús quiere algo más que ir detrás de Él. Que se decidan por dentro. Que tomen una postura comprometida. Por eso invita a pasar de ser simples compa-
ñeros de viaje, a amigos que se toman en serio su mensaje: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre…»
No sabemos qué pasó en ese momento. No parece que fueron muchos los que se decidieron por Él. Cuando la multiplicación de los panes y el discurso sobre la Eucaristía, casi lo dejaron solo y un grupo pequeño permaneció al pie de la cruz.
Nosotros comenzamos a ser cristianos desde la cuna. Luego necesitamos una decisión personal. Hay que salir del anonimato y sentir que Jesús nos mira personalmente y nos invita al seguimiento. Cada momento de la vida de fe, sobre todo las experiencias sacramentales son llamadas personales de Jesús.
Algunos han tenido la suerte de sentir que Dios los llamaba con fuerza: San Pablo, San Agustín, San Francisco Javier… Todos los conversos.
Nosotros, este Domingo, queremos encontrarnos con ese Jesús del Evan- gelio, que se vuelve, nos mira fijamente y nos dice:
«Si alguno se viene conmigo y no pospone…»
Aunque está dicho en tono negativo: posponer, cargar con la cruz… Jesús no es un aguafiestas. Él nos quiere felices en la familia, con los amigos, en toda la vida. Pero si descubrimos que alguien o algo es una pega para el seguimiento de Jesús, tenemos que dejarlo.
Para un discípulo de Jesús está muy claras dos cosas:
a) Jesús es lo primero. Desde Él, todo lo demás. Jesús es el ideal de nuestra vida. Un Jesús conocido, gustado, hecho vida de nuestra vida, contagiado a los
otros. si me doy cuenta que algo de mi vida le hace sombra, pesa más que Él, aunque fuera tan sagrado como la familia lo tendría que posponer.
b) Seguirlo con los cinco sentidos. Vivir así a Jesús no es fruto de un im- pulso. Es la construcción de todos los días. El ideal es el grito de San Pablo: «Cristo vive en mí». Por eso el Señor nos recomienda que como los constructo- res y estrategas pongamos los cinco sentidos en la empresa.
El seguidor de Jesús nunca lo puede ser por libre. Es toda la Iglesia la que nos ayuda. La fe, la oración, la ayuda de la comunidad cristiana… siempre nos son necesarias.
Por eso hoy le pido al Señor que cuente conmigo, pero que me sienta muy cercano a la vida de la Iglesia. Con mis pobres oraciones necesitado de las vuestras.

Pbro. José Rodrigo López Cepeda

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Category: Destacados, Mensaje del párroco

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